Cuando España firmó el Pacto Antikomintern

EL sábado 8 de abril de 1939, hace 80 años, la España vencida se adhirió al Pacto Antikomintern, consolidando así su dependencia de la Alemania nazi. Ese Pacto fue firmado inicialmente el 25 de noviembre de 1936 por la Alemania nazi y el Imperio japonés, para oponerse a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que con su política de defensa del proletariado y oposición al capitalismo estaba consiguiendo adeptos en todas las naciones, occidentales y orientales. En España, por ejemplo, se creó en abril de 1933 la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, con un manifiesto firmado por los intelectuales más notables del momento. El proyecto liberador comunista era aceptado de buen grado por las masas, en tanto crecía el rechazo al nazifascismo esclavizador.

   La Komintern, llamada también Internacional Comunista y III Internacional, había sido fundada en Moscú en 1919, por iniciativa de Lenin, para agrupar a los partidos comunistas que en cualquier lugar del mundo pretendían poner fin a la sociedad capitalista opresora de los trabajadores e implantar el socialismo. Iba a estar representada por la conocida como torre de Tatlin, un proyecto que Vladimir Tatlin imaginó en 1919, sin que lamentablemente llegara a materializarse.

Proyecto de la torre de Tatlin.

   La obsesión de los dictadores fascistas, tanto del alemán como del español, era el comunismo. Fue la disculpa utilizada por los militares monárquicos españoles al dar el golpe de Estado el 17 de julio de 1936, para detener el avance del comunismo, alegaron. No existía ningún avance, como lo demuestra incuestionablemente el hecho de que en las elecciones del 16 de febrero de 1936 el Partido Comunista solamente obtuviera el 3,5 por ciento de los votos emitidos, traducidos en 17 escaños de un total de 473. El único peligro real existente en aquella España era el fascismo, como quedó bien demostrado con la sublevación de los militares monárquicos. Pero a la sinrazón no le valen las evidencias.

Una adhesión inevitable

   El Pacto Antikomintern se enriqueció en 1937 con la firma del reino de Italia entregado al fascismo por su monarca títere. Así se conformó lo que sería el Eje Roma-Berlín-Tokio, el bloque nazifascista invasor de países y destructor de los pueblos. Por ejemplo, Italia invadió aquel 7 de abril de 1939 Abisinia, y ofreció la corona a su rey. Al día siguiente la España derrotada se adhería al Pacto, y a partir de la guerra iniciada el 1 de setiembre del mismo año lo fueron haciendo los países conquistados por el Eje. En total compusieron el Pacto Antikomintern ocho naciones europeas, Japón y sus satélites Manchukuo y Nanjing.

   La adhesión de aquella España desesperanzada tuvo la resonancia lógica en todos los medios de comunicación, puesto que se hallaban cuidadosamente controlados por los sicarios de la dictadura. Por ejemplo el diario barcelonés llamado La Vanguardia Española desde la conquista de la ciudad, dirigido por el archifascista Luis de Galinsoga, publicó el domingo 9 de abril este editorial en su primera plana:

   España ha sufrido demasiado de la peste del comunismo para que sea necesario subrayar a la opinión de este país la coherencia que implica la adhesión al Pacto Antikomintern, o sea al pacto de naciones civiles adversas no a Rusia como pueblo sino a la Internacional Comunista que subyuga criminalmente aquel enorme país y estuvo a punto de subyugar a España con sus prácticas criminales y sus abyectas [falta una línea por estar repetida otra].

   La guerra de España, combatida contra el monstruo del marxismo internacional, había de tener fatalmente una conclusión diplomática y esta conclusión ha sido la adhesión de la nación española a aquel grupo de potencias que convencidas de la desintegración social y arrasamiento moral que representa el comunismo, lucha para conservar en sus respectivos planes nacionales e internacionales una barrera ofensiva contra las múltiples irradiaciones del Komintern.

   La opinión española encontrará pues de una lógica irrebatible y de una justa y natural conveniencia la firma, en Burgos, por parte de nuestros plenipotenciarios, de los protocolos e instrumentos diplomáticos conocidos genéricamente pátina con el nombre de Pacto Antikomintern. Con esto, España se coloca en la línea de nuestra época –caracterizada por el aumento cada vez mayor de las fuerzas de sentido integral, vital y positivo–, y realiza un acto de afirmación de un valor moral inmenso.

   Ahí está toda la retórica fascista habitual, de la que tantas muestras tuvimos cuantos soportamos la dictadura durante tantos años de sumisión y resignación. El fascismo creó un lenguaje enfático, lo mismo que una arquitectura grandilocuente y una estatuaria imponente para representar al régimen. Nos podríamos preguntar qué entendía el editorialista con esa mención de “las fuerzas de sentido integral, vital y positivo”, si no supiéramos que en la vaciedad intelectual de los textos fascistas se retorcía la semántica para desconcertar a los lectores, haciéndoles creer que las frases sin sentido poseían un argumento oculto.

Las buenas relaciones hispanoalemanas

  Como era lógico, la decisión de adherir a España al Pacto la tomó el dictadorísimo con su camarilla. La opinión del pueblo nunca les importa a los jefes supremos dominadores de las naciones, y si acaso desean dar una imagen democratizadora  a su régimen, organizan un referéndum que ganan con más del noventa por ciento de los votos. Bien lo sabemos cuantos toleramos la dictadura.

  Si continuamos leyendo La Vanguardia Española de aquel 9 de abril de 1939 nos enteramos de que el ministro de Relaciones Exteriores del Reich, Joachim von Ribbentrop, envió una carta a su colega español el conde de Jordana, en la que le expresaba “la viva satisfacción que experimentamos por el hecho de que después de la lucha heroica y victoriosa contra el comunismo sobre el propio suelo”, la España resultante del conflicto se adhiriese al Pacto, “que estrechará aún las relaciones germano hispanas”.

   Lo sorprendente es que cuando los germanos perdieron la guerra ante el superior poder armamentista de los Aliados, los triunfadores no tuvieron en cuenta lo estrechas que habían sido esas relaciones desde 1936. Ni siquiera recordaron que la España dictatorial entró en la guerra junto a los germanos con su Blaue Division, y no la trataron como a los países servidores del Eje. Con la disculpa de ir a combatir al comunismo, los divisionarios apoyaron a los nazis destructores de Europa.

   Es verdad que durante la guerra en España las democracias hicieron como que no sabían que existiera, y después de la guerra mundial mantuvieron la misma ignorancia sobre España. Por eso continúan activas la Hermandad Nacional y Fundación de la División Azul, para mantener alerta el espíritu inspirador de los voluntarios. Ellos deben de haberse muerto, pero han dejado una herencia muy viva y vivaz, que se deja notar.

   Así que bien podemos conmemorar la adhesión española al Pacto Antikomintern, porque continuamos manteniendo excelentes relaciones con Alemania. Aquí no ha cambiado nada, el dictadorísimo nos impuso un sucesor suyo a título de rey, y lo dejó todo atado y bien atado, sabiendo que a las democracias no les importa un comino España.

ARTURO DEL VILLAR

PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

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