Una biografía de Federico Engels, El gentleman comunista

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Una vez echado al suelo el héroe, puede procederse a desprestigiar su pensamiento. Es entonces cuando se sobrevienen los tiros contra el materialismo y la dialéctica.

La semana pasada leí un buen libro, y no lo digo porque me haya identificado con su contenido, sino porque invita a reflexionar, a echar cabeza, como dice la gente, aunque creo que la pretensión del autor y de sus patrocinadores marcha en dirección contraria a la propia. Me queda la impresión de que apuntaba a desmoralizar, a desanimar, a desmovilizar la lucha. Pero de manera inteligente, con argumentos serios, ensalzando incluso al personaje.

Su autor se llama Tristam Hunt, nacido en 1974, y en la solapa de la obra es presentado como uno de los más reconocidos historiadores jóvenes de la Gran Bretaña. Educado en las Universidades de Cambridge y Chicago, es profesor de… la lista es larga. Como quien dice, toda una autoridad intelectual y literaria. Su libro se llama El gentleman comunista y lleva por subtítulo La vida revolucionaria de Friedrich Engels. Me quedo pensando si la Gran Bretaña aún existe.

Y digo esto último porque el autor británico nos da a entender desde el prefacio que se prepara a excavar en las ruinas del marxismo, o al menos a auscultar los latidos de un paciente avejentado y agónico, con el propósito de develar la verdadera causa de su enfermedad y derrota. De pronto se me dio por pensar que igual podría hacerse con el imperio británico, del cual apenas queda el recuerdo de su poderío en América, África y Asia. Son puntos de vista y nada más.

La bonita obra, editada en Barcelona por Editorial Anagrama, registra su primera edición en 2011, tiene 365 páginas de lectura y un buen número más dedicadas a la bibliografía, las notas y demás. Tal y como corresponde a una riguroso trabajo histórico, cuenta con una larguísima lista de agradecimientos a quienes contribuyeron a su investigación, redacción y producción. También contiene 31 ilustraciones en blanco y negro brillante para ambientar la época.

Se trata en efecto de una biografía minuciosa del pensador y activista revolucionario Federico Engels, fundador junto con Karl Marx del socialismo científico, de la filosofía del materialismo dialéctico e histórico, y en general del movimiento comunista mundial. Una investigación acerca de su entorno histórico, económico, social, político, cultural, familiar y afectivo, en la que por consiguiente resultan revelados los momentos estelares de la vida de Marx, el Moro.

El libro era prestado, y quien me hizo el favor me indicó que había leído sólo una parte, sin concluir todavía si se trataba de un texto a favor o en contra de Engels. Por cuestiones de trabajo, debía ocuparse varios días en otros asuntos, así que me recomendó aprovechar para leerlo, antes que él volviera a requerirlo para terminar su lectura. De paso me puso en una disyuntiva complicada, darle mi opinión y el veredicto de si valía la pena llegar al final.

Vemos en la obra a un Engels escéptico y grosero con sus padres, bebedor de cerveza y buenos vinos, cliente asiduo de prostíbulos durante su juventud, conquistador y amante desbocado, ladrón a hurtadillas del dinero de sus socios, capitalista y rentista de profesión, aficionado a las expediciones de cacería, gustoso de la buena vida, militar frustrado y un tanto fantoche, racista, darwinista social precoz, despectivo con sus contradictores y con otros vicios más.

Claro, también un pensador, lector, investigador, analista y escritor de mente privilegiada, dotado de una prodigiosa capacidad para el trabajo material e intelectual, capaz de aprender en poco tiempo y perfectamente cualquier idioma. Un amigo leal, de abnegación ejemplar, un intelectual y activista, incluso armado, por la causa de la clase obrera y la revolución, un estratega innato. Un ser supremamente bondadoso con sus allegados, un tío excepcional.

El autor se solaza en el carácter profundamente inconsecuente de Federico Engels, en la medida en que fungió como gran empresario fabril en Manchester y rentista de la bolsa de Londres, al tiempo que pregonaba la revolución de la clase obrera contra el capitalismo. Se trata de la idea que más repite. El gran revolucionario que importaba algodón de Nueva Orleans, producido con mano esclava, para que sus obreros los convirtieran en textiles para exportar.

De todo ese maremágnum que al final parece ser interpretado por el historiador inglés como el complejo entretejido de la condición humana, a la que al fin y al cabo nadie es ajeno, bien podría decantarse que no hay seres perfectos, que todos tenemos serios defectos, sólo que por nuestro anonimato no se notan más. Pero también queda un sabor evidente a decepción, a ídolo de barro derribado. Es cuando se descubre que esa es la real intención de la obra.

Una vez echado al suelo el héroe, puede procederse a desprestigiar su pensamiento. Es entonces cuando se sobrevienen los tiros contra el materialismo y la dialéctica, esa especie de misticismos con los que Engels y Marx pretendieron reemplazar la religión. Y los embates contra el materialismo histórico, un método del que Engels, según el autor, terminó renegando, después de concluir él mismo su naturaleza mecánica y determinista.

¿Qué era el socialismo científico, sino una manifestación distinta del socialismo utópico que tanto criticaron Marx y Engels? De eso intenta convencernos el prestigioso historiador, y para hacerlo basta con echar un breve vistazo a la realidad revolucionaria de la Unión Soviética y Europa del Este, a los crímenes de Stalin y a la intolerancia del mundo comunista real. El método, la guía para  la acción de que hablaron Marx y Engels, es si acaso lo único que puede reconocérseles.

Aparte del genial análisis de Marx sobre la lógica capitalista, que le permitió ser rescatado por muchos estudiosos de la economía a causa de las más recientes crisis financieras. En esas quedamos, personajes singulares aunque despreciables, ideologías absurdas e ilusas, aspiraciones nobles, como las de todos, pero sin posibilidad alguna de convertirse en hechos. Allá nos conduce el libro de Tristam Hunt. Un enorme derroche para un cañonazo neoliberal más.

Por Gabriel Ángel, integrante de las FARC-EP
Montañas de Colombia, 11 de enero de 2016.
Pueblo Colombiano: ¡Pa´ la Mesa!

Una biografía de Federico Engels, El gentleman comunista

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