Contra el individualismo

Al ser apresado por segunda vez el 16 de
agosto de 1995, Manoel Lisboa, fundador
del Partido Comunista Revolucionario
PCR, entonces con 21 años de edad, se declaró
marxista‒leninista y escribió: “El despertar
de la conciencia humana a los problemas sociales,
al problema de millones de explotados,
es un sentimiento que desencadena en cada
persona una serie de cambios para una mejor y
adecuada conducta en la vida personal”[1].
A diferencia de lo que repiten los intelectuales
pequeño‒burgueses, ser marxista‒leninista
no es un clisé. Es asumir una nueva
ideología, una ideología que se caracteriza
por defender una nueva sociedad en la cual no
exista la explotación del hombre por el hombre,
es despertar su conciencia a los problemas
sociales; identificar las verdaderas causas
de la pobreza, del hambre, del desempleo,
comprender que la lucha de clases es la palanca
de la transformación social; es luchar para
poner fin a esas injusticias y, principalmente,
dedicar su vida a esa lucha, a la revolución.
Así, cada militante que ingresa en el Partido
Comunista Revolucionario, que se hace
marxista‒leninista, profundiza su compromiso
con los millones de explotados existentes
en nuestro país y en el mundo, pero además
inicia un proceso de cambios en su vida, abandona
las viejas concepciones e ideas y adquiere
una nueva conciencia, un nuevo modo de
ver el mundo, lo que no puede dejar de acarrear
una nueva conducta en su vida.

La lucha entre lo viejo y lo nuevo

Sin embargo, a veces, resbalamos en ese
proceso de profunda transformación personal,
manifestando vanidad y arrogancia en
las relaciones con los camaradas o en las reuniones
de nuestros colectivos. Debates que
podrían ser conducidos de una manera más
tranquila, se tornan de repente en una discusión
en que ninguno oye o presta atención
de lo que el otro habla, apenas de lo que la
propia persona dice. Muchas veces se llega
a un callejón sin salida y, lo que es peor, algunos
guardan rencor de esas discusiones
en vez de hacer la autocrítica del comportamiento
que tuvieron. El colectivo, con muchos
nuevos militantes asisten a esos enfrentamientos
en silencio, preguntándose si hay
realmente motivo para toda esa discusión y
por qué tanta exaltación y hostilidad si estamos
entre camaradas. Otros militantes se
preocupan demasiado por su reconocimiento
y se comportan como si creyeran que las
cosas estarían mejor si ellos mismos estuviesen
en el mando.
No hay duda de que esos comportamientos
son manifestaciones de las viejas concepciones
individualistas, que son sobrevivencias
de hábitos egoístas del tipo de “lo que
importa es el éxito individual y no el colectivo”.
Es evidente que esa vanidad nada tiene
que ver con el nuevo hombre o con la nueva
mujer, tampoco se trata de una virtud; por
el contrario, el leninista es, ante todo, una
persona sencilla, altruista y comprometida
cada vez más con los millones de oprimidos
existentes en el mundo que consigo misma.
Aunque siempre defienda el debate y la discusión,
debe luchar para que éste sea fraterno,
para que cada discusión resulte en el desarrollo
de una nueva conciencia del Partido
y no en una situación de derrotados y vencedores.
Brasil – Aún contra el individualismo
(1) La primera prisión de Manoel Lisboa, ocurrió en 1964, cuando estuvo preso por 15 días. La vida y la lucha del
comunista Manoel Lisboa. Ediciones Manoel Lisboa.

Lenin: sencillo como la verdad
En efecto, en el libro Breve Historia Ilustrada
de Lenin, de Elio Bolsanello, encontramos
el siguiente pasaje: “Preguntado sobre la característica
más importante de Lenin, Dimitri
Pavlov, obrero de Samara, respondió a Máximo
Gorki: “La sencillez. Él es sencillo como la
verdad”. Lo mismo declaró John Reed, autor
del libro “Diez días que estremecieron al mundo”.
“Lenin es tan sencillo, tan humano y al
mismo tiempo tan sagaz y firme”[2].Breve historia ilustrada de Lenin. Elio Bolsanello. Ediciones Manoel Lisboa
También Nadezhda Krupskaia, en su artículo
“Lenin, propagandista y agitador”, afirma
que “Lenin no soportaba a las personas
que miraban a las masas de arriba hacia abajo.
Siempre hablaba con las personas humildes

con respeto y se interesaba por lo que
hacían y pensaban sinceramente. Oía y no
solo hablaba, procurando aprender y no solo
enseñar”.
Pero más allá de la vanidad comunista, tenemos
otra manifestación del individualismo,
no menos perjudicial para la conquista de
nuestra profunda unidad ideológica: la resistencia
a la autoridad en el interior del Partido,
en particular, a las decisiones con las cuales
no se concuerda. Cuando se tiene acuerdo
con una decisión tomada, todo va bien, pero
si la orientación aprobada no es aquella que
se defendió, se guarda silencio o se va en
contra de la decisión que el colectivo tomó
para demostrar que “él estaba en lo cierto y
el colectivo errado”. Algunos llegan incluso a
hacer conversaciones individuales para cuestionar
la justeza de la decisión adoptada por
el colectivo.
Por más que considere su posición como
la más correcta, difundir la desconfianza en
el seno del Partido equivale a cultivar el escepticismo
en la revolución, pues el Partido
es el principal instrumento del que dispone la
clase obrera para poner fin a la esclavitud y la
explotación impuesta por el estado burgués
y, como la historia ya ha demostrado innumerables
veces, sin una profunda cohesión y
unidad de acción en el partido revolucionario
no es posible derrotar a la clase de los capitalistas
ni construir una nueva sociedad. Sin
duda, como afirmó Stalin, “Ningún ejército en
guerra puede prescindir de un Estado Mayor
experimentado, sino quiere estar condenado
a la derrota”.
Hasta una huelga o una ocupación para ser
victoriosa necesita de gran unidad entre sus
participantes y de un comando firme y cohesionado
Lo que debemos garantizar es la existencia
de permanentes debates en los colectivos y
evitar tomar decisiones sin esa discusión. También
el Partido requiere actuar en la sociedad,
no puede quedarse mirando la banda pasar, y
eso lo hará mejor si todos estamos conscientes
de la importancia de nuestra unidad. Por
eso, después de la contienda, de la pelea, todos debemos unirnos y trabajar para conquistar
nuestros objetivos: desarrollar la conciencia
y la organización de las masas y crecer el
Partido. En realidad, debilitar la autoridad en
el interior del Partido es despreciar el papel de
una organización de revolucionarios, es unirse
al viejo espontaneísmo. Además, como dice
Engels, no se puede de ninguna manera defender
una revolución y estar contra la autoridad,
pues, “Una revolución es ciertamente la
cosa más autoritaria que se puede imaginar”.
(Engels, Sobre la autoridad).
Sin embargo, cuando evaluamos esos
acontecimientos y hacemos estas observaciones,
todos concuerdan, reconocen no haber
actuado correctamente y prometen que eso
no se repetirá. Otros son más sinceros y dicen
que saben que fue errado, pero no cambian.
Ahora, no es posible derrotar lo viejo con
actitudes superficiales y promesas vanas; es
necesario una lucha titánica, tener perseverancia
y no desistir. Además porque, “Cuando
lo nuevo acaba de nacer, tanto en la naturaleza
como en la vida social, lo viejo permanece
siempre más fuerte por un cierto tiempo” (Lenin,
Una gran iniciativa)

El individuo y el colectivo
Pero, ¿por qué compañeros y compañeras
que declaradamente son marxista–leninistas
tiene aún esas actitudes?
Como explica Marx, “Las ideas de la clase
dominante son, en cada época, las ideas dominantes
en la sociedad”. En una sociedad capitalista
como la que vivimos, las ideas que dominan
son naturalmente las de la burguesía.
Y ¿Cuáles son ellas? “Explotar a otro ser humano
en provecho propio, es justo y digno”;
“para vencer en la vida es preciso ser en todo
momento competitivo, superar a sus rivales
en el mercado”; las cosas son las que son y es
imposible cambiar el mundo”.
Esa ideología es reproducida diariamente
millones de veces en cada película, en cada
periódico, en cada programa de televisión o
de radio, en el internet y por todas las instituciones
burguesas existentes en la sociedad
capitalista. Ejercen, por tanto, una gigantesca
influencia en las personas, sin que ellas mismas
se den cuenta.
En otras palabras, la contradicción entre el
individuo y el colectivo no es fruto del acaso;es hija de una idea dominante en nuestra sociedad:
la que el individuo es más importante
que todo; que para ser una persona no puede
renunciar a su idea y debe siempre imponer
sus intereses y su voluntad al otro, cueste lo
que cueste, sin importar el mal que cause; luego,
la vanidad y la arrogancia no surgen de la
nada; ellas son hijas de la moral burguesa y tienen
como base a la propiedad privada de los
medios de producción.
Hablando para la juventud comunista soviética,
Lenin describió así esa mentalidad burguesa:
“Si yo tengo mi trabajito de médico, de
ingeniero, de profesor o de funcionario, ¿qué
me interesan los otros? Si yo me arrastro ante
los poderosos, es posible que conserve mi
puesto y tal vez pueda hacer carrera y llegar
a burgués”³.
Nuestro éxito es la revolución
Todas esas ideas determinan un comportamiento
de disputa y de competencia entre
las personas. De querer ser mejor que
el otro y hacer todo por el éxito personal.
El comunista tiene otra mentalidad; su objetivo
no es el éxito personal sino la liberación
de la clase obrera, el fin del sufrimiento
de los trabajadores, es la conquista de una
nueva sociedad, de un mundo mejor y de la
fraternidad entre los pueblos en lugar de las
guerras.
En realidad, no es posible la victoria de la
revolución sin derrotar a la vieja sociedad y
afirmar lo nuevo tanto en el país como en el
individuo. El verdadero comunista requiere
estar atento a esas actitudes, tener conciencia
de que ellas constituyen la continuidad
en nosotros de lo que es viejo y atrasado y
son extremadamente perjudiciales para la
lucha revolucionaria. No basta pues estudiar
el marxismo-leninismo; es preciso practicar
la camaradería cotidianamente, desarrollar
una solidaridad efectiva con todas las personas
oprimidas, tener en mente como vivían y
como procedían en su vida Marx, Engels, Lenin,
Stalin, Che Guevara y otros grandes revolucionarios,
cultivar la sencillez y no la vanidad
en su vida personal.
Partido Comunista Revolucionario – Brasil
Septiembre de 2015

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