La mejor directora del mundo

Conocimos el Instituto Técnico de Lugansk gracias a Seriozha, un conductor que nos ayuda con la distribución de la ayuda humanitaria. Su hija estudiaba allí. Zhenya, la hija de Seriozha, es una persona especial. Padece epilepsia y perdió el oído a causa de una negligencia médica.

Solo había tres internados como este en toda Ucrania. Están pensados para niños con una gran variedad de dificultades, desde discapacidad física y psíquica a enfermedades. Aquí se convierten en sastres, zapateros, electricistas, artistas…Pero esta historia no es sobre el colegio, sino sobre quienes allí trabajan.

Al principio, mis chicos llegaron para reconocer el terreno, ver si necesitaba ayuda y, en caso de que fuera así, qué tipo de ayuda. Pero allí no esperaban que apareciéramos un par de días después con provisiones para todo un mes. Esperaban que lleváramos grano y carne enlatada, así que se sorprendieron con lo que entregamos. Desde luego, hay escasez de fruta aquí. Y no se distribuye con la ayuda humanitaria oficial.

Me presentaron a Irina Yurevna Mazayeva, la directora del instituto. Parece una mujer distante, callada, pero servicial. Cada minuto, uno de los estudiantes se acerca para contarle algo, para compartir algo.

– ¿Puedo hacerle unas preguntas mientras descargamos?

– ¿Qué tal si le enseño lo que hacen nuestros niños?

Acudimos a la clase de arte, donde vi varios enormes paneles rusos.

– ¿Los estudiantes han hecho esto?

– ¡Por supuesto!

Irina Yurevna se mostraba orgullosa. Todo el instituto está decorado con el trabajo de los estudiantes: artesanía, pinturas, elementos decorativos. Los niños corrían por todas partes. Era evidente que algunos de ellos están enfermos. Pero todos ellos sonreían. Y se pegaban a Irina Yurevna.

–Venga, ya vale. Vamos.

Y todos rieron, tanto ella como los niños. Entramos en una sala cubierta con todo tipo de trabajos de artesanía: pinturas, dibujos, piezas de ropa, bordados.

–Escasean los materiales. Necesitaríamos telas, cuero, pinturas, barniz…No tenemos de nada. ¿Cómo se supone que podremos enseñarles? ¿No tienen nada de eso?

–Por desgracia no. No sabíamos…

– ¿Ve ese cuadro? Está hecho con cáscaras de huevo. Hacemos lo que podemos.

Irina Yurevna se paseó por la sala describiendo cada trabajo. En lo que a ella respecta, no es solo una exposición. Es casi como si lo hubiera hecho ella misma. De alguna forma, lo ha hecho. A través de sus estudiantes.

–Aquí no trabaja cualquiera. El instituto se inauguró en 1973. Yo trabajo aquí desde 1982.

–Yo ni siquiera había nacido entonces.
485152_600Irina Yurevna sonrió. De forma amable, maternal.

– ¿Ve ese icono? Lo hizo nuestro Fedya Romanov. Sufre atrofia muscular.

– ¿Cómo lo ha hecho?

–Te contaré como lo hizo. Con los dientes. Estamos orgullosos de él, nuestro Fedya.

– ¿Dónde está ahora?

–Se fue a Kiev hace mucho tiempo. Ahora trabaja allí. Se casó con una compañera de clase, Lena, que tenía epilepsia. Tienen un hijo.

– ¿La mayoría encuentra trabajo después?

–Le diré una cosa. Quien quiere encontrar trabajo, lo encuentra y tiene éxito. Están los que no quieren hacer gran cosa. Es igual que si estuvieran sanos. Les damos un buen impulso. Y muchos encuentran el éxito en la vida. Muchos formas familias con sus compañeros de clase.

– ¿Qué tipo de discapacidad tienen?

–En general se trataba principalmente de discapacidad física. Como Fedya. Pero ahora también enfermedades mentales. Incluso autismo o esquizofrenia. Teníamos alumnos de todas partes de Ucrania.

–Ucrania…

A Irina Yurevna se le notaban los nervios. Me sentí culpable. Cambié de tema, pero nuestra conversación seguía volviendo sobre el tema.

– ¿Sabe? Todos nuestros trabajadores permanecieron aquí durante la guerra.

“La guerra”, para la población de Lugansk, son los tres meses de horror en 2014 cuando la ciudad se encontraba bajo el constante fuego de artillería. A día de hoy, la región continúa en estado de guerra. Pero la mayor parte de la población utiliza la frase “durante la guerra. Aunque la guerra continúe.

– ¿Por qué no se marcharon?

–Este es mi hogar. Seguimos trabajando incluso cuando no teníamos ningún salario. Por el entusiasmo. No recibimos salarios durante seis meses. Todos siguieron viviendo a trabajar. Nunca pensamos en no venir.

Me impresiona.

–Evidentemente, cuando había bombardeos nos escondíamos todos en el sótano. Pero esto es un internado y es aquí donde viven los niños. Veintitrés de ellos son huérfanos. Necesitan alimentos, cuidados. Muchos de ellos no pueden valerse por sí mismos.

Irina Yurevna seguía hablando. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero seguía adelante. Al principio pensé que contaba la misma historia a todos. Lo comprendí después. Había tocado la fibra sensible. Y no podía permanecer en silencio. No quise hacer demasiadas preguntas sobre quienes viven aquí. Los trabajadores son los responsables de ellos y no siempre es honesto hacer preguntas. Así que simplemente seguí escuchando.

–Nos bombardearon el 31 de agosto. Era el día de los mineros del carbón. Una bomba de mortero impactó a pocos pasos de mí. Pero la metralla se dispersó hacia el otro lado. Un milagro. Ellos [el ejército ucraniano] creían que aquí no había más que “separatistas”. Pero todos nosotros seguíamos aquí.

Su hijo cayó a causa de la onda expansiva de una explosión de Grads junto a la escalera. Cayó encima de su hija. Ninguno de los dos resultó herido de gravedad.

–En verano nos quedamos sin ventanas. Uno de nuestros trabajadores, Anatoly Gelya, pasó toda la noche en el edificio. Nos bombardeaban con Grads. Pero no se marchó. Tenía miedo de que el edificio fuera saqueado. Nuestro personal es así.

Los estudiantes llevaron la fruta por sí solos. Los que podían. Como los niños de su edad, con buen humor, jugando entre ellos. Corrían hacia mí y me miraban por el rabillo del ojo. Con gafas y cuaderno, les hacía gracia. Caminaba detrás de Irina Yurevna, como su sombra. Escribiendo, sacando fotos. Pero ella era el centro. El ojo de la tormenta.

Cuando llegué al instituto, fotografié una señal en la pared. Solo después, viendo las fotos, leí lo que decía la pintada al lado de la entrada. Decía: Irina Yurevna Mazayeva, la mejor directora del mundo”.486165_600-e1450331327273

http://slavyangrad.es/2015/12/17/la-mejor-directora-del-mundo/

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